Si bien, mucho se ha hablado sobre los grandes beneficios del sexo a nuestra salud física y emocional, poco se ha comentado sobre las consecuencias de la falta o ausencia de una vida sexual activa y placentera. Lo curioso es que en la vida cotidiana, cuando nos topamos con personas mal humoradas solemos repetir frases populares como: “Le hace falta sexo…”, “Ojalá alguien le haga el favorcito…”, “Parece que tuvo mal sexo”, “Se nota que hace mucho que no ha tenido sexo…”, entre muchas otras, lo que indica que de alguna manera sabemos que el sexo incide en nuestras ganas de vivir y en nuestros estados anímicos.

Un ejemplo significativo en el reino animal, podría encontrarse en los monos bonobos, que encuentran en el sexo un pasatiempo cotidiano y una manera eficaz de bajar los niveles de tensión y agresividad. Este tipo de chimpancés, muy parecidos al prototipo de hominoideo africano, según los antropólogos, prefieren resolver sus conflictos con sexo.

A lo largo de casi 18 años de experiencia a nivel mundial en el tratamiento de diversas disfunciones sexuales masculinas como la disfunción eréctil, la eyaculación precoz, curvatura peneana y la falta de deseo, en más de 1 millón de pacientes, en Boston Medical Group hemos podido comprobar que existen conductas y patrones que se repiten en la mayor parte de los hombres: niveles bajos de autoestima, depresión, inseguridad, irritabilidad, frustración, enojo, e incluso en muchos casos la pareja refiere violencia y un gran distanciamiento entre ellos, lo que en algunos casos, concluye en divorcio y separación. De igual forma, hemos constatado que aquellos hombres que han logrado superar estos problemas para volver a disfrutar de su vida sexual, ven la vida con mejores ojos, e incluso valoran más su relación de pareja y los momentos de intimidad que tienen, además de que la sensación de “sentirse más vivos” los motiva a llevar una alimentación más saludable, a hacer ejercicio e incluso a realizar proyectos y actividades que les representan satisfacción y bienestar, además de ser más proactivos en el trabajo y a tener más energía en general, lo que los hace sentir más jóvenes.

Sabemos que los factores emocionales tienen una gran incidencia en nuestra salud física, ya que contribuyen a fortalecer nuestro sistema inmunológico, y existen innumerables estudios al respecto, en los cuales se ha demostrado que la salud física puede mejorar cuando nos sentimos anímicamente bien.
En este sentido, vale la pena insistir que la salud no solamente abarca el aspecto físico. La Organización Mundial de la salud, la define como el bienestar físico, psíquico y social, de manera que ya no se trata de curar o eliminar el dolor, sino de fomentar un bienestar, una calidad de vida, en los tres niveles básicos que constituyen al ser humano.

Desde los años 60 con la llamada revolución sexual, comienza a tenerse en cuenta  la importancia de la sexualidad dentro de la salud, de manera que el vivir una sexualidad satisfactoria se considera un punto necesario para llegar a ese concepto de salud como bienestar. Sin embargo hasta finales de la década de los 90 con la entrada en el mercado de fármacos para la erección, es cuando el tema de la sexualidad comienza a tener relevancia médica sobre cuestiones orgánicas y sobre todo a ser considerarla como parte integral de la salud, pero además de todo esto, el hablar abiertamente sobre temas de sexualidad permitió derribar tabúes y mitos en torno a ella.

Hoy sabemos que la falta de sexo puede estar vinculada a problemas físicos u orgánicos que requieren atención, ya sea desequilibrios hormonales, problemas cardiovasculares, diabetes, hipertensión y muchos otros que afectan el deseo, el desempeño y la función sexual.

Debemos crear conciencia de que el sexo no es solamente un instrumento para le reproducción, sino que está relacionado con la prevención de enfermedades, y representa una vía para lograr bienestar, felicidad y equilibrio físico y psíquico, de manera que todo aquello que esté impidiendo que tengamos una vida sexual activa, se debe resolver de manera oportuna.