Repite conmigo: El #SexoEsVida

A nadie le gusta hablar de enfermedades. Como si de una infundada superstición se tratara, a veces creemos que si no hablamos de ellas conseguiremos que se mantengan alejadas hasta que: “Oh, sorpresa” enfermedades tan terribles como el cáncer se manifiestan en nuestra vida.

El cáncer de próstata no es sólo el tumor más frecuente en el varón sino también tal vez el más temido por su amenaza a nuestra capacidad de erección. La buena noticia, si es que puede haberla, es que tanto ese percibido miedo como su prevalencia (el cáncer de próstata representa alrededor del 15% de todos los nuevos cánceres diagnosticados a nivel mundial) es el motor que impulsa la industria de la investigación.


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Del primero al último, todos los hombres estamos interesados en saber si existen factores protectores que eviten su desarrollo, dietas de legumbres y vegetales a parte, o el inevitable ejercicio físico que, cáncer o no, todos los amantes de la salud deberían practicar.

Esto es especialmente cierto desde que los medios se hicieron eco de un estudio (poco concluyente, con poco más de 400 sujetos) en el que se insinuaba un aumento de riesgo cuando se han mantenido muchas relaciones sexuales a lo largo de la vida. Los propios investigadores del estudio suponían que el vínculo podría estar más relacionado con las hormonas que rigen el deseo sexual  que con la propia actividad. Ya que: “Las hormonas parecen jugar un papel clave en el cáncer de próstata y es muy común tratar a los hombres con terapia para reducir las hormonas que se cree que estimulan las células cancerosas”.

«El cáncer de próstata representa alrededor del 15% de todos los nuevos cánceres diagnosticados a nivel mundial»

Mucho más concluyente, y alentador, es el extensivo estudio realizado por investigadores de Harvard, a lo largo de casi una década y con más de 30.000 sujetos, en el que se estudió la supuesta implicación de la acumulación de secreciones prostáticas potencialmente carcinógenas en el desarrollo de este cáncer.

Aunque el objetivo del estudio sigue siendo incorporar 10 años adicionales de seguimiento al análisis original y evaluar exhaustivamente la asociación entre la frecuencia de la eyaculación y esta enfermedad, las actuales evidencias sugieren que la frecuencia eyaculatoria puede estar inversamente relacionada con el riesgo de cáncer de próstata. Es decir, a mayor frecuencia de eyaculación: menos cáncer.

Es habitual, según el estudio, que la frecuencia eyaculatoria disminuya, como lo hace también la testosterona, la hormona responsable de nuestro impulso sexual, con la edad. La proporción es superior a 13 eyaculaciones mensuales en un 57% de la población masculina entre los 20-30 años y en un 32% de los varones entre 40-50 años.

Los hombres con frecuencias eyaculatorias superiores a 21 veces al mes, en todos los grupos de edad, mostraron un riesgo significativamente menor de cáncer de próstata frente a los grupos menos activos y, en general, a mayor frecuencia menor riesgo.

Vicente Briet, secretario general de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), explicaba que el sexo: “Es tan protector para las emociones como el aceite de oliva lo es para el sistema cardiovascular. Cuando la salud erótica se ve disminuida, incide en todos los aspectos, y, al contrario, si esta es satisfactoria, actúa como un lubricante vital. No ocurre por casualidad, el sexo regula la estructura de la personalidad y es tan importante como el instinto de supervivencia o la alimentación».

Apoyado en los resultados de este estudio; hasta la fecha la mayor evidencia médica de un beneficio de la eyaculación en la prevención del cáncer de próstata, repetimos lo que decimos siempre: el #SexoEsVida.