¿Cambiamos nosotros o cambia el sexo?

 Sexo a través del tiempo

El novelista peruano Mario Vargas Llosa, nacido en 1936, declaró recientemente que «en la vejez no hay que renunciar al sexo. No desaparece, solo se espacia más», una afirmación que no hace más que respaldar las conclusiones del estudio de los investigadores Helleger y Mortensen: “Cambios fisiológicos en la sexualidad en la tercera edad”.

Según este estudio un 40% seguía interesado en el sexo, incluso pasados los 90 años de edad y un 25% seguía masturbándose con regularidad. Vargas Llosa, 3 años por encima de los 80, puede disfrutar con tranquilidad de otra década. Que no sea por edad.

El sexo, siempre y cuando sigamos aquí para hacerlo, no tiene fecha de caducidad. Si tenemos la suerte de disfrutar de una gozosa y larga vida, el sexo estará siempre ahí, aunque nunca será lo mismo. ¿Cambiamos nosotros o cambia el sexo?

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¨El sexo, siempre y cuando sigamos aquí para hacerlo, no tiene fecha de caducidad¨

Es cierto que la menopausia no es cosa de hombres, pero no por ello nuestra vida está desprovista de cambios. Por muy jóvenes que sigamos sintiéndonos, dentro de nuestra propia cabeza, nuestro cuerpo tiene su propio recorrido y nuestros espermatozoides, con la edad, descienden en actividad, calidad y número.

Nuestro pene, a su vez acusado por el habitual y gradual descenso de testosterona, es normal que pierda firmeza a partir de cierta edad, y que nuestras erecciones dejen de ser espontáneas y habituales por la mañana. Nuestra pasión, que antes parecía alimentarse sola, es posible que necesite de un mayor estímulo para ponernos en marcha; nada que no pueda suplirse con una buena dosis de imaginación.

Muchos de los cambios físicos se atribuyen a la edad no tienen porqué ser irreversibles, y nunca está demás consultarlos con un buen profesional médico, algo muy recomendable pasados los 50. A veces no es la edad en absoluto, sino ciertos matices en nuestro estilo de vida (dieta, malos hábitos, etc.).

Es fácil, a los veinte, tenerse por inmortal. Nuestro principal problema entonces suele ser dar salida a niveles altos de deseo que, cuando son satisfechos,  muchas veces lo son demasiado rápido. Hasta un 37% de los atendidos por eyaculación precoz tienen entre 16 y 35 años. La paciencia, sabemos, se hace, no nace.

Pasados los 50 años, la imaginación para conseguir una erección es la misma que utilizamos en la adolescencia y temprana juventud para que la excitación no se nos vaya de las manos.  Diez años más tarde empezaremos a sentir las secuelas de nuestro estilo de vida y el declive de nuestra capacidad de resistencia. Tendremos que empezar a cuidarnos para mantener el tono muscular y  si nuestro estilo de vida es sedentario afectará nuestra salud cardiovascular, tan importante para la ingeniería relativa al sexo, si nuestro estilo de vida es desenfrenado.

Con los 40 años empieza la ya mencionada pérdida de testosterona. La libido empieza a verse afectada no solo por ella, también por las preocupaciones intrínsecas a la edad y la vida moderna. Es por entonces cuando la disfunción eréctil tiende a manifestarse en 1 de cada 4 hombres. La preocupación por la cantidad, tan propia de nuestros primeros años de actividad sexual, deja paso a la preocupación por la calidad, cuestión que merece toda nuestra atención.

No es ningún secreto que nuestros cuerpos cambian a medida que envejecemos. La masa muscular y la fuerza disminuyen, se tarda más en recuperarse de los esfuerzos, y nuestra capacidad para manejar la vigorosa actividad disminuye.

Nuestra necesidad de mantenimiento puede hacerse más evidente, pero no cambia realmente a medida que envejecemos. Hemos de desarrollar la capacidad cardiovascular, la fuerza y la movilidad funcional para que nos sirva toda la vida. Lo que es importante es recordar que lo que no se usa se pierde y cuanto más mayor es uno más rápido se pierden las facultades que no se utilizan con asiduidad. Demasiada gente se pierde mucho gozo sexual por creer que el sexo tiene que desaparecer a partir de una edad.

Tal y como nos aconsejaría un buen preparador físico, la herramienta más valiosa de un atleta es la confianza en la capacidad de adaptación de su cuerpo: «La mente es lo principal, y eso es lo que más nos importa”. No sólo el cuerpo necesita mantenimiento, también la mente, y las ganas, necesitan aspirar a no rendirse jamás. Si el sexo es importante en tu vida y te condicionas para que el cuerpo te siga, quizás no puedas hacer el amor con la misma frecuencia o el mismo ímpetu que antes, pero allá donde vayas, tu cuerpo te seguirá.