Sexo bajo control o ¿mejor rápido y furioso?

Alfred C. Kinsey, responsable de algunos de los estudios más extensos en conducta sexual humana y pionero de esta ciencia conocida como sexología, no tenía reparos en reconocer que la eyaculación “precoz” era lo habitual en la naturaleza, la norma en todos los mamíferos y que, desde un punto de vista biológico lo que no tiene sentido es demorarse más de lo necesario en eyacular.

Tiene sentido, en la selva, no bajar la guardia ni un segundo más de lo necesario pues las sombras están llenas de depredadores esperando una buena oportunidad de convertirnos en su cena, sin ningún respeto por la intimidad que nosotros, sus potenciales víctimas, estemos intentando construir.


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Una vez abandonada la selva, asegurado el entorno, y descubiertos los placeres de la vida, el sexo pasa a ser otra cosa, más una fuente de placer que una herramienta reproductiva, y como tal, los humanos decidimos estirar el placer tanto como nos sea posible, y es ahí donde se “inventa” ese trastorno que tantos quebraderos de cabeza produce.

La EP no es una enfermedad propiamente dicha, pues su función biológica: eyacular/inseminar, se cumple. Pero aunque la naturaleza se de por satisfecha no siempre podremos decir lo mismo de nosotros, o de nuestra pareja.

La eyaculación precoz es el trastorno sexual masculino más frecuente y aunque la padece uno de cada tres hombres en el algún momento de su vida, sólo el 25% por ciento se atreve a consultarlo con su médico.

La tensión y el estrés, frecuente causa del problema, no hace más que empeorar con la ansiedad que nos produce este trastorno cada vez que se repite. Cuanto más tardemos en solucionar nuestro problema, más contribuiremos a agravarlo por desconocer que, en un 80% de los casos, podemos recuperar el control, si es que alguna vez lo tuvimos, sobre nuestro reflejo eyaculatorio.

No hay mejor ejercicio para la buena salud de nuestra vida sexual como la propia práctica del sexo, sin prejuicios ni complejos. No hay mejor manera de conocer nuestro cuerpo, que jugando con él. Y este caso no iba a ser diferente.

¨No hay mejor ejercicio para la buena salud de nuestra vida sexual como la propia práctica del sexo, sin prejuicios ni complejos¨

Para poder controlar nuestro reflejo eyaculatorio todos debemos familiarizarnos con nuestra curva de excitación. Más que obsesionarnos con el orgasmo, demasiadas veces nuestra única meta, deberíamos de trasladar nuestra atención hacia el proceso que nos lleva a alcanzarlo.

Hay mucho que ganar y nada que perder, pues los músculos del suelo pélvico que lo controlan son los mismos que, más adelante en la vida, pueden ayudarnos a controlar la incontinencia. Mataríamos dos pájaros de un tiro con un único ejercicio.

Los ejercicios de Kegel, por el ginecólogo estadounidense Arnold H. Kegel que los inventó allá por los años cuarenta del pasado siglo, ejercitan la musculatura de la próstata que tan problemática suele resultar para el 50% de los hombres pasados sus primeros cincuenta años de uso.

Estos músculos cumplen una función importante en muchos procesos relacionados con la sexualidad, como el orgasmo, la erección y la eyaculación precoz. La rehabilitación del suelo pélvico, tras tan solo 12 semanas de ejercicio, puede multiplicar por ocho el tiempo de excitación, que podríamos llamar “zona de juegos” antes de la eyaculación.

No es un ejercicio complicado, sólo hace falta ejercitar los músculos cercanos al perineo que podemos identificar con el mismo gesto con el que cortamos el flujo de nuestra orina. Si repetimos esa contracción muscular veinte veces, unas tres o cuatro veces al día, el trabajo ya estará hecho.

Y como la perfección sólo puede conseguirse a través de la práctica, podemos también jugar con los tiempos cada vez que nos masturbemos; intentando alargar nuestra curva de excitación deteniendo nuestros movimientos justo antes de alcanza nuestro punto de no retorno.

Los ejercicios de Kegel pueden practicarse en cualquier sitio, pero si los realizamos en conjunto con la masturbación start-stop nunca está de más buscarse un lugar cómodo y tranquilo, con suficiente lubricante a mano como para no caer víctimas de nuestro propio “desgaste”.

La eyaculación es un reflejo neuromodulado por el centro de control espinal que coordina las actividades somáticas, simpáticas y parasimpáticas que dirigen su emisión y expulsión. ¿Cómo no iba a necesitar un poco de ejercicio?