¿Estamos los hombres obsesionados con el sexo?
¿Son los rumores ciertos?

El 19 de abril de 2011 la Doctora Terri D. Fisher, Profesora de Psicología en la Universidad Estatal de Ohio hizo publicas las conclusiones de su estudio en el Journal of Sex Research, una de las revistas académicas más importantes dedicadas al estudio de la sexualidad humana y el campo de la sexología en general.

283 sujetos armados de contadores manuales reportaron cuántas veces al día pensaban en el sexo a lo largo del período de estudio y concluyeron que los hombres tenían pensamientos sexuales unas 19 veces al día, mientras que las mujeres poco más de la mitad.


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No fueron pocos los detractores del resultado del estudio y de su poco ortodoxo método de medición. Mientras que algunos olvidaban llevar el contador encima otros llegaron a reportar 388 pensamientos sexuales en un mismo día.

Es una cantinela que los hombres recibimos con cierta frecuencia: siempre se especula que andamos siempre pensando en lo mismo; que pensamos “con la polla” o que nos pasamos el día obsesionados con “lo único”, pero ¿dónde están los datos que respalden semejante estigma?

Se ha llegado a publicar en medios generalistas resultados de estudios que aseguran que los hombres pensamos en el sexo nada menos que 7.200 veces al día, cinco veces por minuto si no tenemos en cuenta el tiempo que pasamos dormidos, o concentrados en el trabajo; casi veinte veces más que el más “obsesionado” del estudio de Fisher. Vamos, que cuando los hombres un hombre no está centrado en una tarea específica invariablemente está pensando en sexo.

Este tipo de información forma parte de un bombardeo al que estamos sometidos todos. Es probable que no seamos nosotros los que pensamos en el sexo tan a menudo sino que sea el mundo el que se empeña en recordarnos el sexo al menos cinco veces por minuto. El sexo no es sólo una parte importante de nuestras vidas, sino que nos rodea; está por todas partes, y no hablamos de los pájaros y las abejas, haciendo sus “cositas” a la vista de todos. Hablamos del cine, la televisión, la publicidad, las revistas, Instagram…

Poco tiempo tras la publicación de los resultados del estudio de Fisher, otro investigador, esta vez un psicólogo social de nombre Wilhelm Hoffman, publicó los resultados de su propio estudio en la revista Psychological Science. Esta vez, tecnología mediante, midieron las veces en las que las personas pensamos en sexo mediante una app para móvil que preguntaba, de forma aleatoria: “¿En qué estás pensando?”. Según sus resultados, pensamos en sexo mucho menos de lo que pensamos en comer, descansar, darnos una ducha, beber, fumar o salir con los amigos.

¡Se reportaron 388 pensamientos sexuales en un mismo día!

Así que el asunto sigue abierto para debate pero ya no debería ser objeto de discusión. Tom Stafford, psicólogo y periodista de la BBC asegura que: “La verdadera frecuencia es poco probable que se parezca de una persona a otra, o incluso que se mantenga en una misma persona, cuando cambian sus circunstancias” y “cualquier intento de medir el número de pensamientos es susceptible de alterar los pensamientos del sujeto. Y por si fuera poco ¿en qué consiste un pensamiento, lo sabe alguien? ¿Cómo de grande tiene que ser para que sea contabilizado?”.

Hay muchas maneras de pensar sobre el sexo. Podemos fantasear, imaginar escenarios excitantes que nos sirvan para el disfrute de nuestra vida sexual; podemos revivir escenas de nuestro pasado, buscando excitarnos o simplemente desviar nuestra atención del mundo presente en busca de un momento más relajante, más placentero. Pueden ser simples anécdotas, como ver a una chica que nos gusta, paseando por la calle, o meras divagaciones, con los ojos cerrados camino del sueño.

El sexo es vida y si nos gusta es perfectamente normal que pensemos en ello. La verdadera pregunta no debería ser ¿cuántas veces piensas en sexo a lo largo del día, sino cuántas veces piensas en el sexo y compartes lo que piensas con tu pareja o tu ligue?

Si no nos sentimos capaces de hablar de la parte buena del sexo, de lo que nos gusta y del placer que nos provoca, ni siquiera con aquellos con los que compartimos nuestra actividad sexual, ¿cómo vamos a sentirnos cómodos, llegado el caso, hablando de nuestras dudas o nuestros problemas con un médico o un especialista en salud sexual?

Si tan importante es el sexo en nuestras vidas, ¿no debería también formar parte de nuestras conversaciones? ¿Piensas en sexo sólo a escondidas o lo haces también en abierto?